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Infojus Noticias

24-11-2013|10:25|Ciudad Nacionales
El imputado era el esposo de una de las mejores amigas de la víctima

El crimen de la diseñadora: ¿un caso resuelto?

Para la fiscal, el asesinato de Celina Bergantiños -la diseñadora estrangulada en su departamento en San Telmo- es un caso casi cerrado, listo para pasar a juicio oral. Pero la defensa apeló ante la Cámara del Crimen, que convocó a una audiencia para el próximo miércoles.

  • Cecilia Bergantiños, la diseñadora asesinada.
Por: Laureano Barrera

“Yo la maté, yo la maté. No sé qué hice. Me mandé la cagada de mi vida”, dijo Miguél Ángel Santa Marinha en medio del llanto aquella noche del lunes 7 de octubre. Con esta confesión hecha a dos amigos en una estación de servicio de la avenida Fair, en Monte Grande, empezó a esclarecerse el crimen de Celina Bergantiños, la diseñadora de interiores que apareció estrangulada en su departamento de San Telmo el sábado 2 de octubre a la una y media de la tarde. Al menos para la fiscalía.

“Creo que la causa está casi resuelta”, dijo la fiscal Paula Asaro a Infojus Noticias. “Pudimos hacer un trabajo rápido. Intervine en la causa el sábado a la tarde, cuando fui notificada del crimen, y el martes a las dos de la tarde ya se la había enviado al Juzgado 21”, explica. No todos los involucrados en el expediente están de acuerdo. “La acusación del juzgado y la fiscalía está basada en supuestos, en indicios, en dichos de dichos. Pero no hay ningún testigo que haya visto entrando, ni permaneciendo, ni saliendo, a mi cliente del domicilio de esta chica”, dijo el abogado Salvador Antonio Rovito, que defiende a Santa Marinha.

Cómo sigue la situación del imputado

El imputado era el esposo de una de las mejores amigas de Celina. Fue procesado el 31 de octubre como responsable de “homicidio simple y hurto agravado por haber sido cometido con llave sustraída” por el juzgado criminal N° 21 a cargo de Silvia Ramond. La defensa apeló la medida ante la Cámara del Crimen porteña. Que en principio aceptó reverla y convocó a una audiencia para el próximo miércoles. Ese día se jugará gran parte de la suerte del empleado del corralón acusado de matar a la mejor amiga de su novia.

Celina tenía 29 años, estudiaba diseño de interiores y era empleada en un negocio de decoración de la marca Bouzard. Un mes antes de su asesinato había empezado a trabajar en el shopping Buenos Aires Design. Vivía en un departamento diminuto, al fondo de un largo pasillo en un primer piso, en la calle Bolívar 743 del barrio porteño de San Telmo. A media mañana del sábado, un vecino que estaba en la vereda cortando una enredadera contempló una escena macabra y dio aviso a la policía. A través de la ventana, el hombre vio el cadáver de Celina rodeado por un charco de sangre. El padre de la chica llegó casi al mismo tiempo que la división Homicidios y la Unidad Criminalística. Estaba muy preocupado: su hija no había respondido los llamados ni los mensajes de texto.

Cuando la fiscal Paula Asaro fue notificada del crimen, fue inmediatamente a San Telmo. Mientras recorría el departamento, se le acercaron Santa Marinha y su esposa. Deslizaron el nombre de un sospechoso: Lucas. Se referían al novio de una hermana menor de Celina (tenía seis hermanos). Algunos viernes a la noche se quedaban a dormir allí. Los investigadores enviaron a la policía al velorio de Celina para que le señalaran a Lucas. Exploraron por unas horas el rastro de esa pista falsa. Hasta que más tarde la fiscal recibió el llamado de su secretario contándole que Santa Marinha había confesado entre lágrimas que se había mandado “la cagada de su vida”.
Entre sus pasatiempos, Celina había modelado los diseños de indumentaria de una de sus mejores amigas en un local de ropa en Lanús. Este detalle menor se convirtió en una circunstancia vital en la trama del crimen. Miguel Ángel dijo a sus amigos, en medio del llanto, que a su esposa le había faltado una calza negra, y que él la encontró después en el departamento de Celina.

“Nunca, en ningún momento, Santa Marinha manifestó haber dicho algo. Ni lo aceptó, ni lo negó”, afirma su defensor, Rovito. “No digo que los testigos hayan mentido. Puede que hayan recibido de boca de este chico algunos dichos, pero no aportan ningún detalle que lleve a decir cómo fue el hecho concreto”, agrega el abogado. Los dos amigos, uno de ellos era socio comercial del imputado, ratificaron la confesión ante la fiscalía y después en el juzgado. Santa Marinha, en cambio, se descompuso las dos veces que fue llamado a declaración indagatoria. “Confesar es ante un cura o ante la justicia. Esas son las dos confesiones válidas”, asegura Rovito.

El móvil del crimen que Santa Marinha invocó ante sus amigos entre sollozos (las calzas negras) era tan insólito, que los investigadores pensaron que el trasfondo del homicidio podía entrañar un triángulo amoroso. La Justicia analizó algunos cruces virtuales entre Celina y su presunto asesino. “En uno de los diálogos ella le decía a él ‘Ay, cómo estás en la cama con los pichichos’, en una foto en la que se lo veía a Santa Marinha con dos perros, envueltos en la frazada”, confió una fuente de la investigación. Con el paso de los días esa versión perdió fuerza. “Creemos que era una persona muy inestable e irritable”, dice la misma fuente judicial. Santa Marinha tenía el umbral de la ira demasiado bajo: “Parece que se sospechaba que la esposa del hermano lo engañaba. Él un día la siguió, encaró al tipo que estaba con ella y le rayó el capó del auto”.

Las controversias que plantea la defensa
Para complementar los testimonios de los confidentes, la justicia se concentró en ubicar a Santa Marinha en la escena del crimen. Aún falta el resultado de algunas pericias que podrían reforzarlo, como la del ADN del sospechoso –que accedió voluntariamente a la extracción de sangre- y la de las huellas dactilares. Sin embargo, una herida de cuchillo tramontina en el cuerpo del imputado podría coincidir con el corte que tenía en el cuello Celina (producido, según la autopsia, cuando aún estaba viva). Para Rovito, en cambio, hay otras explicaciones: “Mi cliente trabaja en un corralón. No es un oficinista. Tiene las manos de alguien vinculado a la construcción. Eso no puede probar cuándo fue esa herida”.
Una de las cuestiones sobre las que hizo hincapié la investigación es la presencia del sospechoso en las cercanías de la casa de Celina. La Justicia analizó las celdas de los celulares, pero una de las prueba claves fueron las filmaciones de las cámaras de seguridad del garaje contiguo al edificio donde vivía la víctima.

El miércoles 2 de octubre, Miguel Ángel dejó allí su Citroën C4 durante 40 minutos. Las cámaras lo grabaron bajando del auto con una caja de herramientas. El viernes, después del mediodía, el hombre volvió al garaje y pidió ver las imágenes de esa cámara de seguridad. Dijo que estaba teniendo problemas de pareja y su esposa no le creía que había estado en el lugar. El empleado –que luego relató la secuencia en el expediente- le negó el material, pero Santa Marinha volvió a insistir dos veces por teléfono preguntando si le podían entregar los archivos originales en un disco compacto. El sábado a las cinco de la madrugada volvió con otro argumento. El empleado declaró que Santa Marinha le dijo que “era cerrajero y que no le correspondía trabajar en esa zona por lo cual, para evitar problemas con su jefe y con sus compañeros de trabajo necesitaba que borraran las cámaras de seguridad del día miércoles”. Fue entonces, agregó el testigo, cuando ofreció dinero a cambio de ellas. “No me las mostraron esas filmaciones”, respondió Rovito al ser consultado por esa prueba.

La hora de la muerte también genera controversia. El informe de autopsia determina que el intervalo post mortem es de unas 20 horas -con un error posible de dos horas de margen-. El momento en que fue hallado el cadáver de Celina situaba la muerte el viernes alrededor de las 17:30. Sin embargo, la versión de Rovito difiere. “El juzgado quiere poner una data de muerte entre el jueves y el viernes temprano. Pero la forense de Criminalística y la autopsia coinciden en que fue entre la noche del viernes y la madrugada del sábado. Mi cliente no estuvo el viernes a la noche en esa zona”.

Rovito confía en que la Cámara de Apelaciones concluirá que “nuestro cliente no estuvo en el momento del hecho”. Paula Asaro, ante Infojus Noticias, cree otra cosa: “Creo que el caso está casi resuelto: para elevar a juicio oral”.

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