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Infojus Noticias

21-6-2014|10:04|Memoria ChacoProvinciales
El ancianao vive con uno de sus nietos a 300 kilómetros de Resistencia

Tiene 107 años, sobrevivió a dos masacres y declaró en la Justicia

Se trata de Pedro Balquinta. Perdió a su familia en la masacre de Napalpí y después sobrevivió a la de El Zapallar. La fiscalía federal de Resistencia abrió una investigación de oficio y planteará una instancia de juicio por la verdad.

  • Pedro Balquinta. Fiscalía federal de Resistencia
Por: Milva Benitez

Pedro Balquinta tiene más de 100 años, 105 o 107 años dicen quienes lo conocen en el Paraje Las Tolderías, en el sur de Chaco. En 1924 vio morir a su familia y a parte de su pueblo, el mocoví, en manos de la Policía Nacional y los estancieros, en la colonia indígena de Napalpí. Nueve años después, en 1933, otra vez vio morir a sus compadres. Esa vez en las márgenes del Riacho de Oro, a las puertas de la colonia El Zapallar. “Había tres mil personas cuando fueron a matarnos”, dijo el miércoles pasado cuando se convirtió en el único sobreviviente de las matanzas que pudo contarlo a la Justicia penal.

Su testimonio aún no forma parte de una causa, pero la edad de Balquinta justificó que los resortes de la Justicia actuaran. La Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía Federal inició una investigación de oficio y planteará una instancia de juicio por la verdad. Hace unas semanas, los fiscales federales de Chaco Diego Vigay, Carlos Ammad, Patricio Sabadini y Federico Carniel iniciaron una investigación preliminar para determinar si las masacres "podrían constituir crímenes de lesa humanidad, por lo que el Estado nacional tendría la obligación ineludible de juzgarlos en función de los compromisos ante la comunidad internacional".

Balquinta vive con uno de sus nietos y su familia a unos 300 kilómetros de Resistencia, la capital chaqueña, en un paraje al que todavía es difícil llegar. Hasta allí viajaron el fiscal federal Vigay, y Juan Chico, el titular de la Dirección de Cine y Espacio Audiovisual del Instituto de Cultura del gobierno de Chaco, encargado con Juan Longo de registrar audiovisualmente el relato del anciano mocoví, el único sobreviviente con vida de ambas masacres.

Ese día los bisnietos de Balquinta no fueron a la escuela. Se quedaron para escuchar como su madre, Silvia Capanci, tradujo lo que el anciano contó sobre las matanzas en  su idioma materno. En su cama, rodeado por los chicos, la mujer de su nieto, los documentalistas y el equipo de la fiscalía, Balquinta recordó que en la Reducción de Napalpí “mataron a muchos. Los taparon en un pozo grande, un solo pozo”, afirmó el anciano. De la matanza en El Zapallar recordó que “vinieron dos camiones con policías, que tenían un cuchillo en la punta” y también que hubo disparos.

“Al final hay una parte de lo que se filmó que va a ser revisada por un traductor, porque la mujer que lo traducía no llegó a entenderlo. Ahí, Balquinta habló de corrido, mientras hacía gestos con la mano. Creo que un trabajo puntilloso puede develar que hay más datos que van a servir a la investigación”, dijo Vigay a Infojus Noticias. “Son unos 40 minutos de filmación de un testimonio de referencia sobre las masacres”, resumió el fiscal.

Las masacres

Apoyado sobre una mesa que usa para descansar los brazos, Balquinta recordó que en Napalpí vivía con su madre, un tío y “otros de la familia”, y que trabajaban como obrajeros en las cosechas del algodón. Lo otro se conoce por transmisión oral; por lo que contaron los medios de la época; por la interpelación parlamentaria a Vicente Gallo, el ministro del Interior del gobierno de Marcelo de Alvear que dispuso los recursos para la matanza; por las reconstrucciones históricas de Pedro Solans, Carlos Días y Mario VIdal; y el expediente caratulado "Sublevación Indígena en la Reducción de Napalpí", Nº 910 del 21 de agosto de 1924, que estuvo a cargo del juez Justo P. Faría. En esa investigación hablaron los perpetradores de la matanza, las voces de las víctimas no tuvieron lugar.

Por esos registros se sabe que a pedido de los “nuevos dueños de la tierra”, el entonces gobernador del territorio nacional, Fernando Centeno, prohibió a los indígenas que dejaran las Reducciones; pero el pueblo se moría de hambre y empezaron a migrar. Los hacendados insistieron con sus reclamos.

El 19 de julio de 1924 se desató la masacre. Más de 100 policías y un grupo de civiles atacaron a los pobladores de la Reducción indígena, unos 800, y mataron a más de la mitad. Los sobrevivientes contaron a los suyos que “durante días los cuervos no volaron, ocupados en sacarse el hambre con los cadáveres”. Los que lograron huir tampoco estuvieron a salvo, salieron a cazarlos. La persecución duró meses. Balquinta, tenía poco más de 13 años, y se fue, corrió, logró esconderse y sobrevivió.

Casi 10 años después, Balquinta estuvo en El Zapallar. “La situación se explica porque hubo proceso sistemático de persecución a sobrevivientes, era una forma de reducirlos al silencio. Los querían muertos a todos”, dijo a esta agencia  Chico, el documentalista e investigador indígena que acompañó al fiscal Vigay para registrar el testimonio del anciano. Durante la entrevista con el fiscal Pedro Balquinta recordó que “unas tres mil personas” habían ido allí con el cacique Duran para pedir trabajo.

“Fueron para matarlos, pero no pudieron matarlos a todos”, comenzó a decir Balquinta y después contó que “había dos pastores allí, que cuando llegaron los militares se pasaron toda la noche orando  para que nos les hagan nada”. No hubo rezo que valiera, el 6 de septiembre de 1933 “cerca de setenta habitantes de las etnias toba y mocoví fueron acribillados por la policía de territorios”, contó Chico a Infojus Noticias. Sobre los asesinatos Balquinta recordó ese día “murieron, además, como 18 mujeres”.

Al finalizar la toma del testimonio Vigay dijo a Infojus Noticias, que el relato de Balquinta es significativo porque “creemos que la búsqueda de la verdad y el ejercicio de la memoria histórica  es fundamental para que los hechos de violencia no se repitan, y que la reparación debe contener además la difusión pública y completa de la verdad de los crímenes perpetrados y la dignificación de las víctimas”. Por este caso existe otro expediente judicial en sede civil, que se abrió en 2004, cuando la Asociación Civil La matanza se presentó como querellante contra el Estado. En esta causa, aún está abierta la etapa de construcción de la prueba.

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