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Infojus Noticias

8-10-2015|16:55|Femicidio CórdobaProvinciales
El crimen ocurrió el 17 de agosto de 2014

“La sociedad condenó el femicidio; la Justicia no estuvo a la altura”

A pesar de que la Cámara 11° del Crimen de Córdoba condenó a prisión perpetua a Gonzalo Lizarralde por degollar a su ex mujer, Paola Acosta, y herir a su hija, el Tribunal no tuvo en cuenta el agravante de femicidio en su sentencia. La hermana de Paola, Marina Acosta, analizó la decisión y sentenció: “Con estos fallos, siguen invisibilizando la violencia de género”.

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Por: Waldo Cebrero

Para la justicia de Córdoba, el crimen de Paola Acosta no fue un femicidio. Ayer, un jurado popular consideró que Gonzalo Lizarralde, de 34 años, fue quien degolló a la mujer e hirió a su hija Martina, el 17 de agosto del año pasado. Para ocultar el crimen, Lizarralde las arrojó a un desagüe inmundo, donde la niña sobrevivió más de 80 horas, hasta que fue rescatada. Sin embargo, al momento de aplicar la sentencia, los jueces de la Cámara 11° del Crimen decidieron no considerar el agravante de “femicidio” que pesaba sobre el acusado, quien resultó condenado a prisión perpetua.

“La justicia tiene valores muy tradicionales y arcaicos. Con estos fallos, siguen invisibilizando la violencia de género”, dice, un día después de la sentencia, Marina Acosta, “Maru”, hermana de Paola. “De todos modos, nosotros estamos satisfechos. Necesitábamos esto para mirar para adelante y seguir haciendo nuestras vidas como familia. Ya habrá tiempo de pedirle explicaciones a la Justicia”, aclara a Infojus Noticias.

Para los Acosta, el día después comenzó con un desayuno en familia, en la casa del barrio Arenales. “Maru” dejó de atender a la prensa a las diez de la mañana, cuando Martina se despertó. En la mesa también estaban los abuelos Luis y Norma, que ahora tienen la guarda de la pequeña de dos años y diez meses.

–¿Cómo fueron las primeras horas de esta etapa? ¿Qué cambió con el juicio?

–No ha sido un año fácil para nosotros. En 14 meses, vivimos una tragedia tremenda, perdimos a mi hermana, los chicos quedaron sin su mamá y, sin embargo, también pudimos tener un juicio. Fue muy rápido y no lo esperábamos. Entonces, lo que pasó ayer nos sirve para mirar un poco para adelante. Todas nuestras energías estaban puestas en llegar al juicio. Lo que queda, ahora, es volver a armarse, cada uno en su vida, pero también como familia. Sobre todo, por Agustín, Tomás (los dos hijos varones de Paola) y Martina: ellos necesitan y nos han necesitado más que nunca todo este tiempo.

–¿Van a apelar el agravante de femicidio?

–Sí. Nos quedan muchas instancias por delante. Queremos esperar a que el tribunal dé a conocer los fundamentos y entonces seguramente haremos algo. El femicidio no es un detalle menor: es el fundamento del móvil. Había pruebas que demostraban otros tipos de violencia, más allá de la física, que lo encuadran en un caso de violencia de género. Pero los jueces de la Cámara N° 11 se perdieron la oportunidad de dejarlo plasmado en un fallo. Ayer, en la vorágine de la audiencia, escuchamos mencionar el artículo 80 del Código Penal y pensamos que lo habían contemplado, pero no, resultó que fue mencionado por las lesiones de Martina. Después nos dimos cuenta que para la Justicia no fue femicidio. Pero no nos desanimó, ni nos tomó por sorpresa.

–¿Por qué crees que a la Justicia le cuesta incorporar la perspectiva de género en sus fallos?

–Es una institución con valores muy tradicionales, que ha sido superada ampliamente por las problemática de violencia de género y las discusiones actuales que hay en torno a esto. Lamentablemente, mientras la Justicia no lo asuma, la violencia de género seguirá invisible. Hay leyes a nivel nacional y tratados internaciones donde nos comprometemos a erradicarla y no lo estamos haciendo.

–El inciso 11 del artículo 80 del Código Penal establece la pena de prisión perpetua para el crimen de una mujer cuando es “perpetrado por un hombre y mediare violencia de género”. Y la ley nacional se enmarca en una mirada amplia de la violencia de género…

–La Justicia tiene la posibilidad de aplicar el artículo de 80 de manera amplia y lo hace siempre de manera reductiva, y eso es un grave error. Es un error de perspectiva y aplicación, porque priman los mismos valores tradicionales de siempre. Pero ya lo vivimos durante la instrucción. Cuando mi hermana y mi sobrina desaparecieron, el año pasado, en la fiscalía nos dijeron que no las iban a buscar. Que iban a esperar cierta cantidad de horas, por protocolo. Esa misma mirada, hoy se ve reflejada en el fallo.

–En Córdoba, este tipo de crímenes son juzgados con la participación de un Jurado popular. Es decir, esos valores que consideras que tiene la institución judicial, ¿se cruzan con los de la sociedad?

–El juzgado popular es la representación de la sociedad. Y la sociedad, en cierto punto, ya condena este tipo de casos. Aunque todavía quedan algunos valores conservadores. ¿Sabés como votaron todos los jueces? Fue unánime: por la culpabilidad de Lizarralde. Lamentablemente, el Tribunal no estuvo a la altura para contemplar los agravantes técnicos del femicidio. Pero la sociedad en sí condenó lo que pasó.

–Durante la audiencia, en dos oportunidades, Lizarralde negó la acusación y habló de “mi hija”. ¿Qué sensaciones te provocaron sus actitudes?

–Fue muy impactante. No se inmutaba. Se veía como ajeno a lo que estaban contando los testigos. Fue la misma actitud que tomó su familia. Sólo cuando hablaba de Martina como su hija, supongo, intentaba mostrar rasgos de humanidad para conmover al jurado popular.

WC/LL

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