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27-9-2014|18:41|Melina Buenos AiresProvinciales
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Se recibió a los 58 años

"Estudié abogacía para defender lo que le hicieron a mi hija"

“A Melina se la revictimizó con saña consciente”, dice Adoración Gutiérrez. Desde hace dos semanas acompaña a Ana María Romero, mamá de la adolescente, desde el Centro de protección de los Derechos de las Víctimas.

  • Fotos: Ariel Gutraich
Por: Roxana Sandá

Un pico de presión marcó el antes y el después del encuentro, el primero que tuvieron en la casa de Melina Romero su madre, Ana María, y Adoración Gutiérrez. Se conocieron hace dos semanas y se observaron por unos instantes, con un desconsuelo que barrió cualquier desconfianza. Era 11 de septiembre, el día que Joel “Chavo” Fernández reconoció el femicidio de Melina y los familiares de la adolescente comenzaron a sentir un quiebre que, sin embargo, no los arrastró al silencio.

Adoración, “Dora” para quienes la conocen, estaba en el lugar poniendo el hombro y la oreja por principios, personales e institucionales, desde que integra el Centro de Protección de los Derechos de las Víctimas de la provincia de Buenos Aires (CPV), que depende del Ministerio de Justicia. Cierto temblor en la cebada de mate, el cálculo incierto que ensayaban las manos de Ana María, presagiaron el episodio: es diabética, contó, y se sentía mareada, con dolor de cabeza. “Llamamos a la ambulancia. Le había subido la presión y se elevó el nivel de azúcar en sangre. Entonces la internaron en la clínica Caseros, donde pudieron estabilizarla”, recuerda Adoración. “No fue un momento más, ¿sabés? Ese episodio abrió una hendija de confianza. Porque si bien la contención y el acompañamiento son andamiajes centrales del Centro, a veces llegan de la manera menos esperada”. 

Ayer, a media mañana, las mujeres volvieron a reunirse en la vivienda de Ciudad Jardín, en Tres de Febrero, de donde Melina había salido por última vez la noche del 23 de agosto para tomar el colectivo 252 que la llevaría hasta el centro de San Martín. El encuentro fue sombrío: tres días antes habían hallado el cadáver de la adolescente al borde del arroyo San Martín, un afluente del río Reconquista desdibujado por el humo de la quema y las carcazas de autos. Es el patio trasero, dicen, de los barrios Independencia y Cárcova. Las voces están alteradas; Rubén Romero, el padre de Melina, pedía que se terminara “esa porquería” de vender drogas y alcohol. La cabeza de Ana María seguía pegada a la imagen de su hija en la morgue de Lomas de Zamora, de madrugada, cuando tuvo que reconocerla. Recorrió los tatuajes, los lunares sabidos de memoria, las cejas intactas desafiando hematomas, un rictus indecible, el barro pegoteado en las prendas de cumpleaños.

“Después de lo de mi hija, puedo soportar cualquier cosa”

“Fueron momentos muy duros que los impulsan a seguir pidiendo justicia. Y, sobre todo, a reclamar que no se diluya lo investigado hasta ahora”, explica Adoración, recibida de abogada a los 58 años para que otro asesinato, el de su hija María Laura Alvarez, no quede impune. El próximo 9 de noviembre se cumplen 14 años del secuestro extorsivo de la joven que en 24 horas apareció apuñalada y calcinada en un basural de Gonnet. “Sus secuestradoras, Elida Disopra y Graciela Orellana, la rociaron con nafta y le prendieron fuego.

“Después de ver a mi hija quemada y desfigurada, puedo soportar cualquier cosa”, responde cuando se le pregunta por otros cuerpos, otras mujeres, y por esos hilos invisibles que unen y semejan el suyo a tantos  casos. Reconoce sí -como aligerando el asunto- que toma “distancia a medias” en cada acompañamiento a familiares de víctimas. La tragedia vivida permite saber lo que otras madres, hermanas, hijas, están sintiendo. “Creo que se comprenden más cosas, sin perder el eje”.

Podría decirse que el CPV es un organismo de presencia y resistencia. Parte de la base de asistir, acompañar y contener a personas afectadas por las consecuencias “de haber padecido algún delito en su perjuicio o de sus familiares”, se detalla en la información institucional. “Nos comprometemos con la víctima con una asistencia interdisciplinaria hasta la resolución del proceso, procurando que cada momento tenga un efecto reparador”.

Hoy, la familia de Melina es asistida por Adoración junto con el psicólogo Luciano Salinas y la licenciada en trabajo social Patricia Iacovone. “Abordamos las situaciones de vulnerabilidad que aparejan estos hechos o los anteceden pero que dificultan un proceso reparatorio –precisa Adoración-. Y eso se construye en forma permanente y cotidiana.”

- ¿Qué les está faltando?

-Una cultura colectiva por los derechos de las víctimas.

Un médico, acusado de ser el autor intelectual

La distancia no existe entre los corazones que se quieren, dice la hija de Adoración, María Laura Alvarez, en una filmación casera que su madre atesora. Es el párrafo de una poesía inspirada en algún tío lejano  que el tiempo resignificó. “Es como si me la hubiera escrito a mí”, piensa Adoración. “Y los tiempos de la Justicia no son interminables”, agrega en una frase con motivos: la Sala Primera de la Cámara de Apelaciones y Garantías de La Plata podría resolver el martes próximo un pedido de elevación a juicio del fiscal penal Juan Cruz Condomí Alcorta contra el ex novio de la joven, el médico peruano Wilfredo Chipeiquén, acusado de ser el autor intelectual del crimen.

A Disopra y Orellana, las mujeres que secuestraron y asesinaron a María Laura, las condenaron a prisión perpetua en 2004. Con el beneficio del 2 x 1 obtuvieron la libertad condicional. Adoración recuerda que “ni siquiera fui notificada. Me enteré por terceros”. Chipeiquén escapó del país hasta que en noviembre de 2010, al filo de prescribir la causa, volvieron a ubicarlo y pudo ser indagado. “Estudié Abogacía para defender desde adentro lo que le hicieron a mi hija, y pude establecer que ese hombre tiene una responsabilidad enorme. El la traicionó, la entregó y preparó todo. Ahora sólo quiero mirarlo a la cara y que me responda lo que tenga que responder.”

Las crónicas de la época previa a la crisis de 2001 relatan que las secuestradoras llevaron a María Laura a un departamento de la calle Montiel, en Villa Lugano, donde la golpearon y la drogaron. Luego llamaron a su familia pidiendo 30.000 pesos de rescate. Más tarde intentaron descuartizarla en vida pero no pudieron y la trasladaron a un basural de Gonnet. Quisieron asfixiarla con una bolsa y finalmente la acuchillaron, la rociaron con nafta, la quemaron viva y siguieron llamando para exigir el dinero del rescate.

“A Melina se la revictimizó con saña consciente”

Hace unos días, Adoración Gutiérrez se peleó con el ayudante de una fiscalía que suele pronunciar respuestas desdichadas. “Hasta aquí llegó mi amor” les dijo, lapidario, a ella y a la madre de un chico que había desaparecido. -¿A vos te parece? ¡Me lo dijo delante de esa madre que está desesperada, que no sabe dónde está su hijo y nunca pisó un tribunal! –se lamenta con voz áspera.

Esta semana, la Defensoría del Pueblo de la provincia de Buenos Aires y la Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual difundieron en un comunicado que desde que se conoció la desaparición de Melina Romero, “los reportajes, coberturas y artículos de una buena parte de los medios de comunicación han concentrado sus coberturas en la espectacularización y sexualización del caso antes que en el seguimiento informativo, yendo en contra de los principios de la institucionalidad democrática, violando el derecho a la intimidad de la víctima, agrediendo su condición de mujer y estigmatizando su modo de vida, sus prácticas, su cultura y su lugar de pertenencia”. Utilizaron líneas argumentales que dañan la condición humana de los más vulnerables, como el empleado de la fiscalía.

Al cabo, descubre Adoración, sostener los derechos de las víctimas: “Es una tarea ardua que aprendí con los años. El caso de mi hija corrió peligro de quedar impune, pero a Melina se la revictimizó con una saña provocada y consciente, al cuestionarla a ella o a situaciones de familia y de su entorno. Es una cuestión cultural que debemos ir cambiando de a poco. Y todavía falta un largo camino.” 

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