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Infojus Noticias

24-8-2015|16:06|Salta Nacionales
Además hay tres ex policías en el banquillo

Postergan el juicio al primer empresario acusado por delitos de lesa

Marcos Levín, dueño de la empresa de colectivos de larga distancia La Veloz del Norte, está imputado por haber participado de las sesiones de tortura a sus empleados, a quienes había denunciado de una estafa que no existió. El tribunal decidió posponer el inicio de la primer audiciencia para la semana próxima por el resultado de un informe médico de uno de los acusados que seguirá el juicio por videoconferencia.

Por: Laureano Barrera

El 21 de enero de 1977, como todos los días, Víctor Manuel Cobos volvía de Tucumán manejando uno de los colectivos de larga distancia de La Veloz del Norte. A la altura de Portezuelo, un Torino blanco se le atravesó en el camino. Dos hombres bajaron del auto. Cobos conocía al menos a uno de ellos: Marcos Levín, rubio, 38 años, era el dueño de la empresa. Lo acompañaba el subcomisario de la comisaría 4ª de la ciudad de Salta, Víctor Hugo Bocos. Levín subió al ómnibus y fue derecho a pedirle el boleto a un hombre gordo, despeinado, que viajaba con aliento a alcohol. Un rato antes, Cobos le había pedido el ticket y como no tenía, le había vendido uno. A pesar de negarse, el gordo lo había tenido que aceptar. Levín pidió las planillas y bajó molesto. Al día siguiente, a las 9:30 de la mañana, el subcomisario Bocos y los policías Enrique Cardozo y Ramón Figueroa se presentaron en la empresa. Subieron a Cobos a un Falcon gris, provisto por La Veloz del Norte, y lo conducen a la comisaría 4ª sin darle explicaciones. Allí, lo torturaron hasta las siete de la tarde, obligándolo a firmar una “confesión” de haber defraudado a la empresa. La denuncia la había radicado el propio Levín.

El empresario será el primer ejecutivo que deberá rendir cuentas ante un tribunal oral por delitos de lesa humanidad. El juicio que iba a iniciarse hoy, y que lo tiene como principal imputado, se pospuso una semana. Bocos había pedido que se lo aparte del juicio, pero el requerimiento fue negado. El tribunal, después de recibir un informe oficial de los médicos de la Corte Suprema, donde se consigna la incontinencia del acusado, decidió postergarlo hasta el lunes próximo y que siga las audiencias por teleconferencia desde su casa. “Mi hermano está con una gran carga emocional. A estas dilaciones ya nos tienen acostumbradas a las víctimas”, dijo a Infojus Noticias Cristina Cobos, la hermana de Víctor, molesta con la decisión del tribunal. “Existen pañales para eso, o se le podría haber puesto una sonda, como hace tanta gente. Esperamos que ahora no haya más interrupciones”, consideró su abogado, Oscar Rodríguez.

A Levín lo acompañarán en el banquillo tres ex efectivos de la policía de Salta que fueron la mano de obra. Víctor Almirón era el comisario de la comisaría 4ta. —denunciada desde los tiempos de la Conadep como centro clandestino de detención—, mientras que Enrique Víctor Cardozo y Víctor Hugo Bocos manejaban la picana en los interrogatorios. Bocos era el hombre de mayor confianza de Levín. Además de su puesto en la policía, integraba el personal de seguridad privada de La Veloz del Norte y se los veía charlar asiduamente en la compañía. Además, se movía en un Falcon celeste y el Torino blanco que le había facilitado el empresario. Pero ahí no terminaba la intimidad entre ellos: Levín llega al juicio acusado de asistir a las sesiones de tortura de sus empleados en la comisaría.

La estafa que nuncia existíó

Marcos Levín nació en Santiago del Estero, tiene 76 años y fue hasta hace muy poco dueño de la empresa transportista La Veloz del Norte, y sigue siendo uno de los hombres fuertes del poder económico en la provincia: llega a este juicio en libertad. Aún es propietario del hotel Alejandro I, uno de los más exclusivos de la capital salteña. Hace 38 años, cuando era el joven jefe de la compañía, presentó una denuncia contra 24 empleados por una estafa contra su empresa que nunca existió: los acusaba de robar boletos y talonarios.

Uno a uno, durante enero de 1977, 22 de ellos fueron detenidos y llevados a la comisaría 4ta. Al menos 15 fueron torturados. Con las huellas evidentes de los apremios, los detenidos eran llevados ante el juez Jorge Alberto Trincavelli en la propia comisaría. El juez, en presencia de los torturadores, les sugería amablemente firmar la declaración en la que admitían haber participado de la maniobra. Mientras, Bocos les decía que si no lo hacían los reventarían a todos en el mirador de San Lorenzo o los harían desaparecer atrás del templete de San Cayetano.

En un primer momento, Trincavelli procesó a ocho, aunque años más tarde todos fueron sobreseídos por prescripción. Muchos de ellos fueron reincorporados a la empresa. Con el tiempo, el juez Trincavelli fue ascendido a fiscal general de la provincia. De no haber muerto, estaría sentado en el sillón de los acusados junto al empresario.

A Levín no le bastaba con haber radicado la denuncia. Él mismo supervisaba el avance de la investigación: varios trabajadores lo vieron o escucharon trajinando los pasillos de la seccional queriendo saber si sus empleados habían “confesado”. El primer día de su detención, a Cobos le pasaron electricidad en todo el cuerpo: ojos, boca, cuello, estómago, axilas, tetillas, en la punta del pene y los testículos, mientras Bocos le decía que lo iban a dejar impotente. Esa noche, los dejaron esposados en el patio, bajo la lluvia. Con el tiempo, el propio Cobos reconoció que en su calvario estaba presente Levín: en una de las sesiones de tortura, lo reconoció por su perfume. “Por ello, llegó a la conclusión que Levín fue el autor intelectual de las torturas a las que fuera sometido y afirmó que se trataba de una táctica que éste utilizaba frecuentemente cuando quería lograr algo en contra de sus empleados”, consigna el requerimiento de elevación a juicio de la fiscalía.

Sonia Rey, una azafata afiliada a la UTA que estuvo tres noches secuestrada en la 4ta. vio a Levin hablando con dos personas de civil. Cuando la liberaron fue a verlo. Cuando lo tuvo enfrente, le preguntó por qué había inventado la historia de la estafa. Por respuesta, Levin la llamó traidora y desgraciada.

Víctor Manuel Cobos fue exonerado de la empresa “La Veloz del Norte” y recuperó su libertad el 19 de abril del año 1977. Su familia, identificada con el peronismo revolucionario, fue devastada por la dictadura militar. Su hermano Martín, con 17 años, fue asesinado durante un operativo contra su casa. Su hermano Enrique tuvo que exiliarse en el exterior. De la causa penal por estafas salió sobreseído por prescripción de la acción penal. En 1984 y 2008, relató su calvario ante la justicia federal. Su denuncia logró llevar al banquillo al primer empresario complice de la dictadura. Hoy estará frente a frente en el estrado judicial.

LB/LC

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