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Infojus Noticias

15-3-2015|14:00|Jurado Popular Nacionales
Entrevista al juez que coordinó el debate

"La sentencia de un juicio por jurados es la decisión del pueblo"

Así definió el juez Francisco Pont Vergés la primera experiencia de juicio por jurados en la historia judicial bonaerense. Sobre los que participaron en el jurado que absolvió al imputado Guillermo Barros, expresó que "probablemente no sean ahora plenamente conscientes de la enorme responsabilidad que han asumido. Quizás caigan en los próximos días".

  • Leo Vaca
Por: Laureano Barrera

El jueves, pisando las tres de la tarde, el juez Francisco Pont Vergés dio por finalizado el primer juicio por jurados de la historia judicial bonaerense. Estaba conmovido. Unos segundos después de que un vidriero de 35 años diera el veredicto del jurado, el magistrado leyó con la voz audiblemente quebrada: “Probablemente no sean ahora plenamente conscientes de la enorme responsabilidad que han asumido. Quizás en los próximos días caigan en la cuenta de la importancia que tuvo y tendrá para la historia institucional de la provincia su participación en este juicio”.

El día siguiente, este juez que desde 1999 integra el Tribunal Oral Criminal N°5 de San Martín, que trabajó en el fuero federal y además es profesor universitario de una materia de Derechos Humanos, atendió a Infojus Noticias para hacer un balance del juicio, y marcar las fortalezas y falencias de una forma de juzgar inédita en la provincia.

-Un día después, ¿cuál es el balance que hace del juicio?

-Salió muy parecido a lo que habíamos pensado. Hubo una preparación, trabajo en equipo. A los propios empleados del tribunal les di libros para leer, veíamos videos juntos de cómo son las audiencias en el extranjero, traíamos ideas, fuimos diagramado todo por escrito. Yo fui trabajando mucho con la fiscal y la defensora en lo que fueron las instrucciones, que prueba y cómo presentarla. Hubo un trabajo muy intenso desde noviembre de 2014. Y muchas de las pruebas que se dieron en el juicio, se dan por sabidas, porque yo ya sé qué significa el taco, los perdigones, el cartucho. Vos con un jurado tenés que explicar eso de cero. Y en eso creo que las partes todavía tienen que trabajar más con los testigos para que hablen un lenguaje llano, que el jurado pueda entender.

-¿Y en este caso hubo una preparación mayor respecto del manejo de escena en la fiscalía y la defensa?

-No. A nivel institucional fue muy poco lo que se hizo, y hay mucho para trabajar, los que lo hicieron lo hicieron por motus propio, por interés. Pero los fiscales acá en la provincia son bomberos, y si desde las jerarquías no les dicen que se tomen dos días para un curso, preparáte, es muy difícil. El miedo que tenemos todos es que el día que se apaguen las cámaras y hayan pasado cuatro o cinco juicios, se pierda el interés y tengamos que pelearnos para que nos asignen los medios necesarios. Es posible que pase, no por esta administración particular, sino porque es un denominador común. A nosotros, hace tres o cuatro meses, no nos traían ni los imputados presos para los juicios. No llegaban, no había nafta para los camiones. Entonces, eso en un juicio por jurados no puede pasar. Pero trabajamos con bienes muy escasos.

-¿En lo personal cómo lo cambió esta experiencia?

-Para mí fue una ratificación de lo que percibíamos antes todos los que estamos a favor del juicio por jurado. Una cosa es leerlo en los libros, hablar de otras experiencias y otra cosa es cuando a vos te pasa. Hay estadísticas de todos los países, o estudios de Estados Unidos que tienen una idiosincrasia distinta, pero hasta que no pasó lo de ayer, no cobré cabal conciencia de lo que son los ciudadanos puestos a juzgar. Lo asumieron todos con unas ganas y una responsabilidad que era envidiable, por momentos.

-¿En los lugares donde ya el sistema tiene más tiempo, la tendencia es hacia una postura más garantista, o hacia una más de mano dura?

-Es lo mismo. Si vos mirás las absoluciones, nunca exceden el 10% de los casos que llegan a juicio. Los resultados son prácticamente los mismos que con jueces profesionales. No hay diferencias. Ahora: el impacto que tiene el juicio por jurados, pasa más que nada porque la gente empieza a tener otra visión de lo que es administrar justicia. Ayer conseguimos que 18 personas volvieran a confiar en la justicia. Que cambiaron su mirada crítica sobre la justicia. Y que 18 personas se sintieran capaces de ser actores principales en la administración de justicia. Y esa gente, probablemente, lo va a ir transmitiendo a otras personas con un efecto multiplicador increíble. Y el día de mañana, cuando esto sea moneda corriente, probablemente no se va a poder decir que los jueces actúan ocultos tras sus despachos y sus expedientes. Esto es una decisión del pueblo. Y esto es así para los perjudicados y los favorecidos por el jurado. Es gente como vos que te acaba de condenar. No hay nada que chillar. Este es el plus que tienen los juicios por jurados.

-¿Hay un temor de los imputados a someterse a esta clase de juicios?

-Es temor a lo desconocido, pero no sólo los imputados sino también el defensor. Esta es una relación de ida y vuelta. Mucha veces le dice al imputado ‘tenemos esta posibilidad, ¿vos qué decís?’. Y ahí puede primar la decisión del imputado que dice que no quiere porque si lo agarran los vecinos lo crucifican. Porque está ese prejuicio. Ahora ese prejuicio empezó a cambiar: la gente es capaz de absolver. Siempre está la idea de que el jurado acá en Argentina te mata.

-¿Cree que lo que sucedió ayer puede romper ese mito?

-No me animaría a dar un pronóstico. Lo que sí digo, es que está demostrado en el primer caso que el jurado no te manda a la hoguera, que el jurado evalúa las pruebas de manera responsable, como lo haría un juez profesional. Porque tanto el juez, como las personas comunes, cuando decidimos un caso penal, estamos resolviendo en base a nuestra experiencia y nuestras consideraciones, que al menos las mías, no difieren mucho de una persona común. Lo que me diferencia a mí es el conocimiento legal que me permite filtrar determinado tipo de prueba, y comprender mejor la ley aplicable, pero no tengo muchas más ventajas que esas con relación al ciudadano común.

-¿Y le encuentra ventajas al ciudadano común respecto del juez profesional?

-Yo lo hablaba ayer entre amigos. De pronto un tipo más o menos joven, que tiene calle, puede tener una apreciación mucho más realista de un hecho que la de un juez que ya es un tipo grande, que vive en un barrio privado o un ambiente –si querés- aislado. No digo que todos los casos sean así, pero confrontada una cosa con la otra, quizás ese tipo, que tiene más calle, puede comprender mejor un hecho. Y creo que ahí está la riqueza, porque de golpe se junta gente de todos lados. Ayer había una jubilada, que vaya a saber qué piensa, pero probablemente ella tiene una vida mucho más limitada para comprender los códigos de la calle, pero esa mujer tiene la posibilidad de discutir con un tipo que tiene calle, con un científico, que también tiene su visión de la vida. Es en la interacción de esas distintas visiones y vivencias donde me parece que está la riqueza de la decisión del jurado.

-¿Cree que la ideología puede pesar más en un jurado de vecinos que un juez profesional?

-Para sortear esas dificultades está la audiencia de selección del jurado. Las partes van trazando un perfil de las personas. Ahí ya tenés una garantía. Y después… la verdad es que en la práctica profesional veo a cada juez hacer barrabasadas por ideología, que la verdad es que prefiero que me juzguen doce. Los resquemores que hay contra el juicio por jurados los entiendo porque todavía falta la práctica. Creo que hay que dejar que el sistema siga su derrotero, y que el tiempo diga si es bueno o no es bueno. Hay que darle una oportunidad.

-¿Cómo está prevista la seguridad del jurado cuando los casos que lleguen a juicio sean tramas delictivas más densas, como ajustes de cuentas por narcotráfico u homicidio seguido de robo?

-Buena pregunta. Existe un plan de protección de testigos que supongo que se puede hacer extensivo a los jurados. Ahora bien, hace quince años que soy juez, y la mayor parte de las sentencias son condenas al narcotráfico, ajuste de cuentas, homicidio en ocasión de robo, algún caso de crimen organizado. Y jamás he sentido miedo o me han venido a buscar, o me han amenazado. Por otra parte, el denominador común de los hechos que llegan a juicio en la provincia, por lo general, no se vinculan al crimen organizado. Son gente que tiene más interés en amenazar a lo sumo un par de testigos del barrio, pero no mucho más que eso. Si la cuestión se volviera un problema, las autoridades deben garantizar la seguridad del jurado.
 

LB/JMM

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