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Infojus Noticias

17-8-2014|14:00|Cárceles Nacionales
Una experiencia pionera en el mundo

"Huellas de Esperanza": cuando los privados de la libertad adiestran perros

La idea de unir a través de los animales a personas privadas de la libertad y a las que conviven con discapacidad se le ocurrió, hace 20 años, a la monja estadounidense Pauline Quinn. "Argentina es el único país donde, desde el Estado, se aplica este programa de inclusión", dijo Julio Cepeda, coordinador del proyecto.

Por: Infojus Noticias

Es una experiencia pionera en el mundo. Un programa estatal que se aplica en cárceles del país permite que los internos adiestren perros de asistencia destinados a personas con discapacidad, una política pública que se convierte en un círculo vurtuoso entre entrenadores y usuarios.

La idea de unir a través de los animales a personas privadas de la libertad y a las que conviven con discapacidad se le ocurrió, hace 20 años, a la monja estadounidense Pauline Quinn que coordina el proyecto Prison Dog Project, iniciativa que se expandió en distintos lugares del mundo al impulso privado, pero que sólo en Argentina encontró eco a nivel gubernamental.

"Argentina es el único país donde, desde el Estado, se aplica este programa de inclusión", confirmó a Télam Julio Cepeda, coordinador del proyecto, que en pocos días compartirá una jornada para mostrar la iniciativa en el Vaticano, con el papa Francisco y la hermana Pauline.

"Huellas de Esperanza" es el nombre de fantasía del Programa de Adiestramiento de Perros en Cárceles del Servicio Penitenciario Federal, que se aplica desde el año 2009, cuando el Ministerio de Justicia lo incorporó a través de un convenio con la ONG S.O.S Vida.

Al frente de la organización está el veterinario Juan Enrique Romero quien destacó "la visión del entonces Jefe de Gabinete, Anibal Fernández, que me convocó cuando se enteró de mi relación
con Pauline".

El profesional, ahora padrino del programa, habló de las ventajas de la tarea ya que "el interno se vincula con los
sentimientos más profundos del ser humano en su relación con los animales y la persona con discapacidad recibe, por parte del Estado, una herramienta, el perro, que antes era costosa, con la premisa del cuidado y con monitoreo estatal".

En la Colonia Penal 19 de varones y en la Unidad 31 de mujeres de Ezeiza se inició el entrenamiento canino, a cargo de personas que viven "en un régimen abierto, próximas a recuperar su libertad y que son seleccionadas por el equipo interdisciplinario del programa", explicó Céspedes.

Cinco internas -de quien se preserva su identidad-  junto a los Labradores Retriever, compartieron  sus experiencias como adiestradoras y hablan de lo que los animales les enseñan: amistad, amor incondicional, tranquilidad, paciencia.

Ellas conviven en una casa con los perros, que tienen sus caniles y sus carteles con nombres y fotos, espacio adornado por las mujeres que hablan con entusiasmo del trabajo que hacen con los animales. En ese lugar estuvo viviendo durante un mes la hermana Pauline, madrina del proyecto.

Tina, una labradora negra, vive con Lorena Ibañez hace tres años, acompañándola en su andar en silla de ruedas, cuidándola cuando cruza la calle, abriéndole cajones, la heladera, alcanzándole objetos, entre otras acciones que "me cambiaron la vida", dijo la mujer, una de las primeras en recibir un animal de asistencia de Huellas.

"La extraño, ya me la quiero llevar a casa", compartió por su parte Nuria Zucchiatti, también usuaria de sillas de ruedas que está en proceso de adaptación con una inquieta India, bajo la atenta mirada de dos internos adiestradores.

Ellos están sentados en silla de ruedas durante el entrenamiento para que el animal aprenda ese andar, mientras la
perra muestra cómo saca el freno de las sillas o prende la luz. "El año que viene cuando recupere mi libertad, me quiero dedicar a ser adiestrador", compartió uno de los hombres, mientras su compañero va por más: "Voy a terminar el secundario en el penal y cuando salga, voy a estudiar veterinaria".

Los adiestradores formados en la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Buenos Aires, Noelia Gómez, Bernardo Gonzalo, Sofía García y Gabriela Tomero, el veterinario Claudio Ortiz, el estudiante de esa carrera Nicolás Bustos, la trabajadora social María Laura Pérez Arnaudo y la psicóloga Daniela Igartua, conforman el equipo profesional de Huellas. Igartua trabaja con las y los internos desde la psicología porque "es difícil entregar el perro, pero hablamos mucho de que estarán junto a alguien que lo necesita", señaló la profesional.

A futuro "queremos ampliar el proyecto a la unidad de Marcos Paz y a la 25 de La Pampa, incorporando perros mestizos", anticipó Romero. Con este proyecto "gana la sociedad, porque se trata a las personas con dignidad", añadió el médico veterinario

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