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Infojus Noticias

25-5-2014|16:00|Literatura Nacionales
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Entrevista a Selva Almada

Chicas Muertas: la escena fresca de los asesinatos en los expedientes

La escritora reconstruyó el lenguaje de los expedientes en los casos de tres adolescentes asesinadas en los años ´80. Después de 20 años, Almada buscó a sus familiares, viajó y preguntó en sus comunidades si las recordaban y contactó a jueces y fiscales para consultarles por qué falló la investigación.

  • La escritora Selva Almada. Majo Malvares
Por: Milva Benitez

En “Chicas muertas” Selva Almada descubre las reglas y recrea el lenguaje de los expedientes judiciales en los que buscó los rastros de tres adolescentes asesinadas en los años 80. Una entrerriana como ella, asesinada de una puñalada en el corazón mientras dormía. Una joven cordobesa y pobre, atrapada en las mafias de los prostíbulos que desapareció en 1988. Y una chaqueña de 15 años, violada y estrangulada, a poco de conseguir su primer trabajo como empleada doméstica en la casa de una familia en mejor posición económica que la de ella.

“Como escritora no quise hacer una biografía de las chicas, ni una radiografía de cada uno de los casos, ni descubrir al asesino ―aunque cuando empecé me asaltara la idea como fantasía—”, confió Almada a Infojus Noticias. Después de destacarse en las novelas" El viento que arrasa"  y "Ladrilleros", en su último libro repone la memoria de las víctimas desde la no ficción.

Sus casos nunca  tuvieron relevancia en los medios nacionales, sus asesinos nunca fueron descubiertos. Y después de 20 años Almada buscó a sus familiares, viajó y preguntó en sus comunidades si las recordaban y contactó a jueces y fiscales para consultarles por qué falló la investigación.

María Luisa Quevedo

La autora dio con los datos del expediente que cuenta la muerte de María Luisa después de entrevistarse el juez de Presidencia Roque Sáenz Peña que llevó la investigación. Pero lo hojeó en el despacho del Rodolfo Lineras, el fiscal que ahora se encarga de seguir los casos de violencia contra las mujeres en esa parte del Chaco. No conserva con ella copias de esta trama judicial; pero sí apuntes.

“Cuando hablé con Yogui Quevedo me dio una versión diferente a la que figura en el expediente sobre cómo reconoció el cuerpo de María Luisa”, empezó a decir Almada y se detuvo para explicar que Yogui era el hermano de la adolescente asesinada, de los hermanos de la chica el que hasta su muerte –poco antes que saliera el libro- se ocupó de brega por la memoria de María Luisa. “Me dijo que había reconocido el cuerpo en el lugar donde lo tiraron, pero en el expediente dice que fue en la morgue donde confirmó que era su hermana”, relata Almada.

“Pasaron casi treinta años, los recuerdos van cambiando con el tiempo”, explicó la autora. Por eso pensó que a través del relato judicial podía aproximar al lector a “las escena fresca de los asesinatos, de alguien que estuvo ahí”. En el libro de Almada no hay citas textuales de este expediente, pero sí de los otros y así explicó su intención al incluirlas: “me impactó la precisión de sus descripciones y el nivel de detalle”.

Para la autora no había riesgo en ceñirse al lenguaje técnico y más críptico de los escritos judiciales. “Había una búsqueda también en esa lenguaje; en el afán de no repetir la palabra víctima buscaban todos los sinónimos posibles, desde los muy técnicos como occisa hasta los más poéticos como infortunada o la chica muerta (que finalmente la termina de confirmar en la elección del título para esta obra)”.

El asesinato de María Luisa fue “la telenovela del verano”. En plena feria judicial la investigación primero estuvo en manos de un juez comercial y recién después de tres meses lo tomó un juez penal. “En la causa hay muchos testimonios, enemigos y vecinos que no se llevaban bien que se denunciaban por el asesinato y terminaban desmintiéndose en careos; apenas se salía de la dictadura la gente estaba acostumbrada a convivir con los cuerpos y la policía a no investigar”, dijo la autora.

Andrea Danne

En el caso de Andrea la mira estuvo puesta sobre sus padres. “Los interrogamos mucho, horas, días. Siempre el relato era el mismo: la madre se levantó sobresaltada por ‘un ruido o un presentimiento’ y cuando entró a la habitación la encontró acostada y con un hilo de sangre en la boca. La habían acuchillado”, le contó a Almada la entonces secretaria del juzgado que investigó el caso, Cristina Calveyra. Hoy jueza ordinaria en otro distrito judicial de de Entre Ríos  y gracias a Calveyra Almada pudo acceder al expediente.

En su caso no hay ninguna pista, “el policía que estaba de guardia esa noche era muy joven y no supo qué hacer, cuando los vecinos y amigos de la chica empezaron a reunirse en la habitación no los pudo parar. Estaban todos ahí, y entró en pánico, así que ordenó llevar el cuerpo a la morgue y dejó que la hermana de la chica limpiara la escena del crimen”.  “Lo único que hay de cómo encontraron el cuerpo es una recreación con una modelo”, apuntó Almada.

En su caso también los relatos de la memoria son confusos. El entonces novio de la chica, que hasta poco antes había estado con ella, habla de paredes manchadas de sangre, de una posible pelea con él o la agresora. “En el expediente no hay nada de eso, Andrea estaba durmiendo cuando la atacaron”.

Sarita Mundín

La desaparición de Sarita Mundín revela los pliegues de la mafia de los prostíbulos. Y los yerros de la familia judicial cuando se trata de buscar justicia para mujeres pobres: “cuando encontraron los restos de la mujer que la familia de Sarita enterró como si fuera ella la hermana fue a reconocerlo, pero solo se encontró con huesos, una cadenita y pedazos de ropa”.

A Almada la hermana de Sarita le contó que cuando apareció el cuerpo a la vera del arroyo, la “apuraron para que dijera que era Sarita, y un dentista terminó por decir que era la dentadura de la chica, aunque ella nunca se había atendido con un odontólogo”, contó la escritora.

Diez años después,  acompañada por la Asociación Verdad Real, Justicia para Todos, Sara, la madre de Sarita consiguió que el juez del caso lo reabriera y ordenara exhumara el cuerpo. Acompañada por ese organización logró que autorizaran un ADN de los restos y así confirmó lo que sospechaba: el cuerpo que había enterrado no era el de su hija. Tiempo antes,  un tío de la chica recibió una llamado y le dijeron que la desaparecida estaba en un prostíbulo de Valladolid, en España. A través de esa organización Almada tuvo acceso al expediente y se encontró con la hermana y la mamá de Sarita. Sara nunca más tuvo un dato de su hija, pero la sigue buscando.

En cada página Almada vuelve sobre la pregunta que se hizo la poeta Susana Thénon y que ella elige para reabrir las letras por la memoria de estas tres adolescentes y las puñaladas de una violencia cotidiana que en "Chicas muertas" desnuda su violencia más extrema:  "Esa mujer ¿por qué grita? (…) ¿por qué qué? ¿por qué grita esa mujer?", repica en cada página.

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