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Infojus Noticias

30-4-2014|14:58|Acoso escolar Nacionales
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Qué dice la legislación

Apuntes sobre el bullying, síntoma de una violencia social

Algunos de los disparadores pueden ser los celos, la clase social, la forma de ser o la apariencia física. El problema no son los roles, sino la violencia, de la que muchas veces no se habla, hasta que un día el volcán puede erupcionar. Una radiografía del acoso escolar.

  • Kitsch
Por: Sergio Mohadeb

El tema «Jeremy” de Pearl Jam cuenta la historia de un chico hostigado en la escuela; Lady Gaga recordó que la llamaban «gorda» y que «no encajaba en ningún grupo. «El fenómeno no es nuevo pero últimamente hubo casos que tuvieron mayor repercusión y eso hizo que se le diera más atención. Hace una década, en la facultad, no estaba tan difundido su estudio», dice Daniela Malimovca, licenciada en psicología. De hecho, según una encuesta reciente, solo un tercio refirió no haber sido víctima de algún tipo de acoso. El problema está, aunque la atención se reaviva cuando leemos acerca de los casos más graves, como el reciente de Junín.

Algunos de los disparadores pueden ser los celos, la clase social (no poder acceder a cierta ropa, por ejemplo), la forma de ser o la apariencia física. «Por ser pelirrojo me molestaban más o menos diariamente y llegó a las trompadas más de una vez. En sexto grado me emancipé y boxeé feo a uno», cuenta Alejandro. La pregunta es qué modelos motivan a excluir sobre esas bases? ¿De dónde se toman esos patrones de exclusión? Otras veces, la motivación es demostrar poder frente al resto. «El grupo estaba dividido entre lo que serían los ‘pícaros’ y los tragas’», cuenta Martín, que pasó su adolescencia en Tucumán. «Al final, los tragas igual ganamos las elecciones para el centro de estudiantes con más del 70% de los votos».

No todas las divisiones son negativas. Entre los roles que pueden asumirse, y según el paradigma de Pichon Riviere, Malimovca identifica al portavoz, al chivo emisario, al líder y al saboteador. «El rol es el desempeño de una persona en una situación dada. Siempre hubo roles, hoy en día cambiaron por otros, es normal que los haya mientras esto marque una funcionalidad en el grupo. Por lo tanto, la existencia de los roles se diferencia mucho al hostigamiento hacia una persona por aspectos físicos, vestimenta, etcétera.»

El problema no son los roles, sino la violencia, de la que muchas veces no se habla, hasta que un día el volcán puede erupcionar. Frente a esto, la solución legal a veces llega, y a veces tarde, como reparación de lo que pasó.

Qué dice la legislación

Campo de deportes, colegio de gestión privada, zona norte. Un pibe charlaba con tres compañeros cuando de repente se encuentra en el piso. Desde atrás había recibido un tacle que le fracturó la pierna y por lo cual lo tuvieron que operar. Según los testigos del juicio, el agresor “muchas veces se portaba mal”, lo que dejó al colegio en offside por no haber tomado ningún recaudo. Además, el código civil dispone que los establecimientos educativos son responsables de los daños que sufran sus alumnos «cuando se hallen bajo el control de la autoridad educativa, salvo que probaren el caso fortuito.» En ese caso, el agresor no fue demandado civilmente, como si lo fueron la escuela y la aseguradora que lo indemnizaron del daño físico, moral y psicológico. Hasta su recuperación, además, todo el curso se mudó a la planta baja.

Pero no todo se focaliza en la reparación. En Argentina, una ley nacional manda a crear una línea telefónica para asistencia inmediata, y obliga a efectuar análisis, estudios y a adoptar políticas para la prevención y tratamiento del bullying, síntoma de la vigencia de esta problemática. A nivel provincial, Corrientes dictó una ley que manda crear comités de convivencia, en Córdoba se prevé la creación de una base de datos, y otra ley puntana crea un programa especial sobre el tema, para citar solo algunos casos. Pero una norma es apenas uno de los pasos para solucionar el problema, que puede precisar de remedios no tradicionales.

Desde un centro de estudiantes se propuso a las autoridades que un chico que había molestado a una compañera con un encendedor hiciera una práctica en el Instituto del Quemado, para que recapacite. Sin embargo, las autoridades del Colegio rechazaron el pedido.

Debora Kózak es profesora de didáctica en el Profesorado de la Escuela Normal Nº1 de la Ciudad de Buenos Aires. Explica que el abordaje debe ser doble: pedagógico y de los padres. «Dentro del primer grupo, los consejos de convivencia son importantes por ser un órgano colegiado que agrupa diferentes roles y que intenta incluir la temática a nivel curricular», aunque estos comités no siempre están conformados y varía según cada escuela, reflexiona.

Parches

Las soluciones no siempre son las adecuadas. Los profesores estaban al tanto, agrega Martín, «pero no había amonestaciones y hasta algún maestro sugirió que lo arreglemos a las piñas.» Además, el desafío es abordar las causas reales, de las cuales el bullying puede ser un síntoma. ¿De dónde toman los chicos esa actitud violenta, en sentido amplio, física, simbólica, verbal?

«Hay una multiplicidad de causas, depende de cada caso. En general, los chicos repiten lo que ven del entorno, que puede ser de la familia, padres, un hermano, otro pariente, o social, como los medios», explica Malimovca quien agrega que «la mejor manera de abordarlo es, en principio, en el contexto dónde se da. Por ejemplo, si sucede entre compañeros de colegio, es fundamental que la institución haga algo al respecto y trabaje en conjunto con la familia de cada uno de los chicos, hasta del niño que sufre el acoso.»

Uno de los pasos para solucionar el problema puede ser el diálogo, el aviso a las autoridades el Ministerio (cuando las instancias del colegio no pueden o saben responder) o acudir a las líneas de ayuda como ONGs, entre otras. El problema no es menor porque la violencia entre quienes comparten una gran parte del tiempo es similar a la de un ambiente laboral que bajo el rótulo de “mobbing” últimamente también trajo atención. Y además, habría que analizar la hipótesis de que recurrir a una autoridad está mal visto, o que el diálogo es una señal de debilidad.

Más allá de que el bullying representa un problema en sí, que requiere soluciones urgentes, habría que analizar si este fenómeno no es el síntoma y el reflejo de una violencia presente en otros ámbitos, desde el tránsito cuando se insulta a un ciclista u otro automovilista, hasta la prepotencia que puede estar presente a nivel familiar, entorno laboral o mensajes reproducidos por los medios de comunicación. Tal vez los chicos sean más sensibles hacia ciertos patrones de violencia y tal vez quieran, a su modo, decirnos algo.

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