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Infojus Noticias

25-1-2014|10:16|Zoológicos Nacionales
Etiquetas:
Zoológicos, circos y jurisprudencia

Animales en cautiverio: lo que dice la ley y las batallas por sus derechos

El oso Arturo en Mendoza y el chimpancé Toti en Río Negro mostraron en el último tiempo las condiciones en las que viven algunos animales en los zoológicos y las peleas judiciales de los defensores de sus derechos. Un repaso por la letra chica de la ley y las principales denuncias de organizaciones.

Por: Matíás Máximo

En la época victoriana se crearon los zoológicos como un entretenimiento educativo para que la nobleza pudiera  contemplar de cerca las especies exóticas. A la par estuvieron los circos itinerantes, que viajaban con animales  por las comarcas que visitaban. Pero en el siglo XXI- cuando se habla de modernidad, postmodernidad e incluso de la era ciborg- a muchos les resulta inconcebible que perdure la existencia de estos lugares que violan los derechos de los animales.

A través del registro nacional de jardines zoológicos, ente creado en 2011 mediante la resolución 1532,  se estableció que “deberá inscribirse en el Registro mencionado, toda persona física o jurídica que se dedique a la colección de animales silvestres. Tanto sea en cautiverio, semi-cautiverio o con acceso al público y que realicen comercialización (con tránsito interprovincial, importación exportación o reexportación) de esos ejemplares”.

La resolución define como “jardines zoológicos” a los establecimientos públicos o privados que alberguen o mantengan animales vivos de especies de la fauna silvestre autóctona o exótica, que tengan domicilio fijo, con o sin fines de lucro para su exposición en público.

Mauricio Balocco, director de la Fundación Natura, dijo a Infojus Noticias que “a esta altura debiéramos estar actualizando todo ese tipo de estructuras referidas a zoológicos o a reservas, ya que el propósito inicial era dar a conocer a las especies y eso se resignificó con la tecnología”.

A partir del artículo 2º de la Ley Nº 22.421, se menciona que las autoridades deben respetar el equilibrio entre los diversos beneficios que la fauna silvestre aporta al hombre, dando en todos los casos la debida prelación a la conservación de la misma como criterio rector de los actos que se otorguen. Y es en este punto donde surge el debate, ya que para muchos expertos ambientalistas no hay mejor lugar para un animal que su hábitat natural.

Toti el chimpancé

El caso del chimpancé Toti, un ejemplar de 13 años que fue trasladado de un zoo en Córdoba a uno en Río Negro, generó varias denuncias en pedido de un lugar adecuado a las necesidades de su especie. Balocco fue el impulsor de una carta documento enviada el 22 de enero último al intendente cordobés Ramón Mestre, donde se le exige, en nombre de la Asociación para la conservación, protección y mejoramiento del Zoo Córdoba, “la renuncia del director del zoo Daniel Villarreal por: maltrato animal, incompetencia e incumplimiento de resoluciones municipales”. Además, se incluye “el reclamo por dilucidar las sospechas de doble función de dicho director como responsable del zoo y controlador del mismo simultáneamente”.

La carta documento también expone el rechazo por el traslado del único ejemplar de chimpancés que "pertenece" al patrimonio cordobés, “valuado en 50 mil U$S y canjeado, sin argumentos científicos-técnicos por un tigre blanco, valuado en aproximadamente 20 mil U$S”. Para los ambientalistas no hay ninguna justificación relacionada con la difusión ni la preservación animal, sino que detrás del canje la única intención que detectan es el lucro económico.

“Hay que analizar el encierro de los animales porque ya no tiene el mismo propósito que antes y no es justificable. Hoy existen reservas y santuarios donde se puede rescatar a las especies que han sido captadas por el mascotismo, los zoológicos o los circos. Pero hay muchas falencias desde el punto de vista ético en relación a la existencia de los zoológicos”, dijo Balocco.

Arturo el oso

Un caso similar al de Toti es el de Arturo, el único ejemplar de oso polar que vive en Argentina y permanece en un zoológico de Mendoza. Arturo tiene 29 años y fue traído de cachorro desde Alemania. Tenía una compañera que murió hace dos años y comenzó a mostrar signos de zoocosis, una enfermedad mental que se produce por la cautividad y se manifiesta en animales cuando no tienen control sobre su entorno, no puede ejercitar su cuerpo ni estimular su mente. Los signos visibles de un zoocótico son una serie de comportamientos repetitivos o estereotipados, como el movimiento continuo de cabeza, la caminata en círculos o la automutilación, comiéndose partes de la cola o las extremidades.

A partir de la denuncia de una organización ante la Dirección de Fauna Silvestre de la Nación y a la Ufima (Unidad Fiscal para Investigación de delitos contra el Medio Ambiente), se decidió mandar al Zoo mendocino a un fiscal y un veterinario especializado.

La denuncia quedó caratulada como "Investigación preliminar por presunta infracción a la ley 14.346" contra el maltrato animal, en el expediente. Ante la posibilidad de una inspección, fueron introducidas mejoras en la jaula de Arturo: nuevos micro aspersores que lo rocían de agua fría, ventiladores industriales, medias sombras y una pileta diez veces más grande.

De todas formas, la idea de tener a un oso polar (polar: que vive en el polo norte donde el clima es siempre bajo cero) en un territorio donde la temperatura promedio en verano es de 30 grados, suena ilógico para las organizaciones de derecho animal.

“Si el zoológico de Mendoza, como los del resto del país, no pueden transformarse en centros de conservación deberían desaparecer, porque -de lo contrario- seguirán "consumiendo" animales, en lugar de reproducirlos y reintroducirlos donde han desaparecido o se han extinto localmente”, dijo Greenpeace a través de un comunicado.

Soluciones

Los expertos saben que devolver a Arturo o a Toti a su hábitat natural no es la solución: “Eso sería un asesinato, ya que son animales que no tienen las herramientas para sobrevivir en sus hábitats porque siempre vivieron encerrados”, explicó Balocco.

En el caso de Toti, lo que recomienda Alejandra Juárez, representante en el país del Proyecto Gran Simio, “es el traslado a un santuario para chimpancés en Brasil costeado por la propia organización”. En Brasil ya existen cuatro santuarios para chimpancés rescatados de circos y zoológicos, pero cuando Juárez presentó la propuesta acompañada de un habeas corpus para el ejemplar le fue rechazada, aunque planea apelar la decisión.

El oso polar Arturo tiene en este momento 159.400 firmas que apoyan el petitorio para su traslado a Canadá. El parque canadiense Assiniboine, de Winnipeg, se ofreció a enviar especialistas para evaluar al animal y determinar la factibilidad de realizar el trasladarlo a este lugar, cercano a su hábitat. Aunque hasta ahora el pedido fue rechazado. “Que los parques zoológicos continúen siendo un entretenimiento es un debate social que debemos replantear”, opinó Balocco. La opinión de los cientos de animales que son exhibidos en los zoos del país no se conoce, pero puede intuirse.

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